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¡El speakeasy ya no mola, vamos a un bar tiki!

Cabe decir de antemano que me encanta el revival Tiki que conocemos en España en estos momentos, que sea de las manos de apasionados como los chicos del Kona Lei en Madrid o de profesionales con más experiencia como los ‘Tiki Brothers’ Miguel Ángel Jiménez y Miguel Pérez. ¿A quien no le puede gustar la recuperación de grandes clásicos no sólo de las bebidas tropicales sino del cóctel en general y la creatividad neo-tiki de algunos de nuestros mejores bármanes?

Sin embargo, sí que me mosquea algo. Principalmente fuera de España, he de decir, porque aquí las modas no siguen el mismo ritmo que fuera. Se pueden leer muchas declaraciones acerca del tiki como nueva moda cuya clave es la palabra “diversión”. A esta nueva ola tiki,  la gente suele contraponer el estilo speakeasy, demasiado pretencioso y serio. Este verano, un periodista francés no dudó, en un artículo por lo demás muy bueno, en decir:

"Tomando a contrapié la austeridad y la chulería del speakeasy, el revival Tiki llega en el momento adecuado para dar un poco de diversión y ligereza al mundo de los cócteles que se ha hecho un poco estirado y pedante”.

No vamos a volver a los orígenes del movimiento “speakeasy” (con las comillas de rigor) moderno. Simplemente decir a aquellos que no hayan seguido que, en EEUU primero y en el resto del mundo después, el speakeasy devolvió prestigio a un arte, el del cóctel, que ya no importaba a nadie, ayudó a diferenciar los buenos bares de los donde la gente solo iba a emborracharse y, también, como no, creó todo un mundo, un ambiente, una atmósfera peculiar. Y todo ello era muy divertido. Entrar en un chiringuito de perritos calientes e introducirse en una cabina de teléfono, buscar una puerta escondida en un largo pasillo, atravesar un armario o dos y descubrir detrás un mundo totalmente diferente e insospechado: muy divertido. Ser atendido por un camarero vestido en un estilo mezclando tres épocas distintas: muy divertido. Pasar dos horas con un servicio de primera clase: muy divertido . Escuchar jazz o canciones de cabaret de los años 20: muy divertido. Era muy divertido porque era muy diferente.

 
 

Y además: en estos primeros speakeasies, las bebidas eran de altísima calidad.

Y vino la moda. Entradas ocultas se multiplicaron de manera absurda. Bares sin entradas ocultas empezaron a presentarse como speakeasies. Escuchamos la misma música en cada vez más bares (¡y el jazz se hizo plaga!),  la comunidad de los bartenders pareció lanzarse en un interminable concurso del más hermoso bigote al estilo finales del siglo XIX. Todo el mundo hacia cócteles del mismo estilo (seco, amargo, fuerte – cosa que no ocurrió en España por falta de mercado, no de voluntad) y la demanda era tal que incluso los bares mediocres, con servicio de segunda, hacían dinero. Y entonces estalló la burbuja. El 'speakeasy' ya no era más que un viejo disfraz. La cosa ya no era diferente y, por lo tanto, ya no era divertida.

 
 

Así que vamos a sustituir este 'speakeasy’ austero (con 36 ingredientes caseros y 27 infusiones) con el tiki súper divertido y ligero (con 350 referencias de ron, 47 jarabes 'secretos' y 23 cuencos extraños). ¿Y lo divertido del tiki? Bueno, estás en la calle, ves un bar con un nombre exótico y divertido, entras y guau, te llevan a los mares del Pacífico sur, no te lo esperabas y eso es divertido. Joder, el bartender tiene una camisa de flores y está tatuado y tiene un sombrero de paja y un peinado de Elvis y eso es divertido. Y te sirven los cócteles en vasos con formas diversas y garnish barrocos y es divertido. Y pinchan música exótica o ritmos tropicales de los años 50, y es divertido. Es muy divertido porque es muy diferente.

Un momento : ¿todo esto es divertido por exactamente las mismas razones que hicieron divertido el speakeasy tres años atrás?

 
 

Seamos realistas : en tres años, nos daremos cuenta que el tío que sigue a pie de letras las instrucciones de Trader Vic es un pelín enfermo, que un tío que puede hablar durante horas sobre sus mezclas caseras de rones o de su jarabe # 22 es necesariamente un pedante, que estamos cansados de escuchar a Martin Denny y que el estilo de la deco, un tanto neo-colonialista, empieza a aburrirnos. De pronto, ya no parecerá divertido, sobre todo al darte cuenta en un momento de lucidez que el tío ese es el chico del speakeasy. Sólo había cambiado de camisa y se había quitado la pajarita.

Entonces, ya convertido el revival Tiki en algo kitsch y pesado, los primeros artículos anunciaran en la prensa el nombre del sucesor divertido y con más chispa.

 
 

Lo curioso es que durante esta locura neo-tiki, los malos speakeasies, donde el camarero te insultaba porque no entendías el "Antica" que venia marcado sin más en la carta, habrán cerrado (para luego abrir un tiki lounge, obviamente). Pero seguirán abiertos los establecimientos con personalidad propia, servicio de verdad, buenos bartenders y cócteles de calidad. Lo mismo pasará con los bares Tiki una vez acabada la moda.

El tiki no es una alternativa ‘divertida’ al speakeasy. Es una manera más de entender el mundo del bar. Y es que al final, lo que importan son los buenos tragos en un sitio agradable con buena compaña. Al igual que los verdaderos gourmets, los fanáticos de la coctelería no están preocupados con lo cool y lo menos cool. Ellos acuden a los bares donde son bien tratados, se sienten cómodos y merece la pena pagar lo que pagan. Sea cual sea el estilo o el disfraz que lleve el equipo.

François Monti est journaliste spécialisé en cocktails et spiritueux. Il collabore régulièrement à Ginger Magazine et à Havana Cocteles, ainsi qu'à de nombreuses publications. Après la pamphlet 'Prohibitions' en 2014, il publie au printemps 2015 '101 Cocktails'. En Espagne, il est l'auteur de 'El Gran Libro del Vermut'. Il est aussi traducteur. Son blog, Bottoms Up, est un site de référence. Il est aussi membre fondateur de la revue littéraire Fric Frac Club et a traduit plusieurs livres.

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François Monti es un periodista y escritor belga afincado en Madrid. Colabora en la revista francesa Ginger y en la web Havana Cocteles. Su primer libro en castellano es 'El Gran Libro del Vermut' Ha publicado en Francia 'Prohibitons' y '101 Cocktails'. Lleva el blog Bottoms Up en dos idiomas y escribe para Coctelería Creativa. Es también traductor.