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Ruido de fondo

Contar el vermut

Si todavía no tienes El Gran Libro del Vermut, aquí viene su introducción. El libro se puede comprar en cualquier librería o en linea

 (c) Marcos Ortiz

(c) Marcos Ortiz

Perfeccionado en Italia, introducido en España en la segunda mitad del siglo XIX, el vermut fue, durante décadas, la bebida de los domingos en familia. Esta tradición nunca llegó a perderse, pero sí se hizo discreta, limitada a la vida de pueblo, así como a selectas tabernas y bodegas antiguas de las principales ciudades. En consecuencia, durante los últimos treinta años el consumo registró un acusado retroceso.

Hoy, sin embargo, parece que está volviendo a un primer plano. Un público más joven e inquieto se acerca a la bebida de los abuelos, bares modernos ofrecen las nuevas marcas, se organizan fiestas y la prensa publica un sinfín de artículos sobre los mejores sitios, eventos, caldos... Toda esta agitación no puede esconder que, incluso entre los más asiduos al ritual del aperitivo, existe una gran confusión sobre lo que es el vermut, cómo se hace y cuál es su historia.

No recuerdo cuándo tomé mi primer vermut, probablemente porque se trataba de un Martini, que se vende más como marca que como vermut, y porque la botella llevaba abierta cierto tiempo y había perdido sus cualidades. Sin embargo, me acuerdo perfectamente de mi primer vermut de grifo, en mi primera visita a Madrid, en el otoño de 2004. Fue en la mítica Casa Camacho, con unos amigos. Nos pusieron cacahuetes con cáscara y para ir al retrete había que pasar por debajo de la barra. Me pareció todo muy exótico. Creo que mucha gente recuerda lo mismo, es decir, que no se acuerdan tanto del vermut como de la experiencia, de las circunstancias. Estas experiencias son vitales para entender el papel del vermut en la cultura española, pero no deben convencernos de que son suficientes en sí mismas y no hace falta saber más. En la actualidad la gastronomía ha adquirido un protagonismo impensable en el pasado. Los gourmets se interesan por los ingredientes más improbables y algunos chefs son tan famosos como cantantes. Sin embargo, a excepción del vino, poco y mal se ha escrito sobre las bebidas alcohólicas. Y sobre el vermut, quizá menos que acerca de cualquier otra.Siempre me sorprende descubrir que algunas personas que han bebido vermut durante toda su vida ignoran que su base es el vino. Es asombroso darse cuenta de que en los miles de libros que se han publicado sobre vino, ninguno parezca interesarse por el vermut. Lo que ya me desconcierta menos es que no conozcan su historia. Incluso los más doctos periodistas que escriben sobre este aperitivo en las columnas de la edición dominical divulgan falsedades. «Hablo de aperitivo mediterráneo. Tapas, canapés, focaccia, aceitunas... Es un estilo de vida que no se limita a Italia», me dijo Roberto Bava, director de la marca Cocchi y artífice de la renovación de los vinos aromatizados en Italia. Conocemos todo lo que menciona, pero nada del vermut, la bebida que se encuentra en el corazón del aperitivo. Este vacío no tiene justificación.

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No hace falta volver 3.000 años atrás para contar el éxito del vermut en los países del sur de Europa y el poder de fascinación que sigue ejerciendo sobre una cantidad nada desdeñable de gente cada domingo (y, ya puestos, sábado, viernes, jueves...). De hecho, bastaría con hablar de los últimos 200 años. Pero para que estos dos siglos cobren sentido, para que se entienda mejor lo que nos llevó a tomar vermut, la historia que vamos a explorar juntos ahora ha de ser mucho más larga.

Este libro no es una enciclopedia del vino o de las hierbas aromáticas, como tampoco es un volumen sobre la medicina griega o las rutas de las especias. No voy a explicar todo lo que hay que saber sobre la destilación ni a analizar lo que implica el sabor amargo. No se trata de una historia de la revolución industrial, del nacionalismo o del surgimiento de la clase media. Sin embargo, tendré que echar mano de todas esas historias y esos conocimientos para contar nuestro relato, que irá mucho más allá de los dos hitos que suelen referirse siempre que alguien quiere dar pedigrí al vermut (de manera parcialmente errónea, como veremos): los vinos de Hipócrates en la Antigua Grecia y la invención del vermut moderno por parte de Antonio Benedetto Carpano en Turín, en 1786.

El viaje al que les invito empezará con el uso del ajenjo, la planta principal del vermut, en bebidas y medicina. Luego, veremos cuándo, cómo y por qué se popularizaron los vinos aromatizados en la Antigüedad. Antes de llegar al Piamonte del siglo XVIII, examinaremos las evoluciones que llevaron a estos vinos antiguos a transformarse en algo que algún amante del vermut de hoy casi podría reconocer. Hablaremos del desarrollo de la industria, de su triunfo y de su caída.

El presente libro se ha escrito para intentar disipar las dudas y ofrecer las respuestas a las preguntas que ni siquiera sabían que se hacían. He tratado de ofrecer un panorama completo: historia(s), modo de elaboración, estilos, marcas interesantes, recetas... Para escribir las páginas que siguen, entrevisté a más de cincuenta personas y siempre procuré encontrar las fuentes más fiables. Habrá errores y aproximaciones, como inevitablemente ocurre, pero espero cumplir con mi objetivo principal: contar el vermut para que puedan contarlo a su vez en su próxima «quedada aperitiva».

El Gran Libro del Vermut, François Monti, Ediciones B, PVP 16€

François Monti est journaliste spécialisé en cocktails et spiritueux. Il collabore régulièrement à Ginger Magazine et à Havana Cocteles, ainsi qu'à de nombreuses publications. Après la pamphlet 'Prohibitions' en 2014, il publie au printemps 2015 '101 Cocktails'. En Espagne, il est l'auteur de 'El Gran Libro del Vermut'. Il est aussi traducteur. Son blog, Bottoms Up, est un site de référence. Il est aussi membre fondateur de la revue littéraire Fric Frac Club et a traduit plusieurs livres.

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François Monti es un periodista y escritor belga afincado en Madrid. Colabora en la revista francesa Ginger y en la web Havana Cocteles. Su primer libro en castellano es 'El Gran Libro del Vermut' Ha publicado en Francia 'Prohibitons' y '101 Cocktails'. Lleva el blog Bottoms Up en dos idiomas y escribe para Coctelería Creativa. Es también traductor.



¿Quién mató a Le Cabrera?

Escribí este texto hace un par de meses y no sabía si publicarlo. Pero hace unos días, Diego Cabrera y su último equipo tomaron, por una tarde / noche hermosa, el control del 1862 Dry Bar y quedó obvio lo que los madrileños hemos estando perdiéndonos en los últimos meses. Hay historias que tienen que contarse. 

A pesar de mi optimismo por el mundo del bar español, el futuro queda claramente amenazado por temas ajenos a los bartenders. La crisis es un factor obvio, pero hay otro, mucho más peligroso: los dueños y / o socios de locales. En los últimos dos años, he visto proyectos bonitos jodidos por dueños que no entienden el cóctel,  que tienen una visión cortoplacista y / o que odian los empleados que tienen exigencias altas para el local y para sí mismos. Claro, el dinero es del emprendedor y hace lo que quiere. Pero si comparamos con situaciones similares en el extranjero, el socio capitalista español sale muy cutre. Vamos: como ocurre en otros sectores de la economía patria. Podemos pensar que lo que hace falta para dar más vida a nuevos proyectos es autonomía y que esta autonomía se logra cuando el bartender es uno de los socios. Así, su voz cuenta más. Decírselo a Diego Cabrera, una de la más grandes referencias del bar español. En cuatro años, consiguió llevar Le Cabrera a los más alto de la coctelería mundial. Lleno cada semana, clientes entusiastas, bartender con muchos proyectos: un cuento de hadas. Pues se terminó el 30 de noviembre, cuando, por última vez, Diego Cabrera cerró su bar. No me pertenece comentar las razones, pero me imagino que algo tiene que ver con lo que menciono arriba. Para más inri, los socios de Diego han decidido que el bar iba a seguir adelante con el mismo nombre. Es decir, sin Diego Cabrera y con nuevo equipo, el espacio seguirá llamándose Le Cabrera. Cutre no hace justicia a lo que está ocurriendo. 

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Yo no pienso volver a visitar Le Cabrera, el falso Cabrera. No tengo nada en contra de los chicos que están trabajando allí ahora, ellos hacen lo que tienen que hacer y les deseo suerte. Pero hay cosas que no tienen que perdonarse. Tengo el honor de considerar a Diego Cabrera como amigo, y intentaré mostrar mi solidaridad rechazando poner más dinero en el negocio de socios que no se lo merecen. Desde mi punto de vista, no nos podemos quejar de la economía en general y aguantar estas cosas en nuestro sector. 

Pero dejamos de hablar de esto. Ahora, quería celebrar lo que fue y ya no es. Todavía me acuerdo no sólo del primer cóctel que me tomé, en enero o febrero del 2010 en Le Cabrera, sino también del bourbon que llevaba, de la mesa donde estaba sentado y de quien me llevó la bebida. A partir de ese día, Le Cabrera se convirtió en mi segunda casa. Durante tres años, iba por lo menos una vez a la semana, a charlar con el equipo y a beber. Para mi, fueron momentos cruciales en mi educación de aficionado a la coctelería. Entré allí como entusiasta sabiendo lo que me gustaba y salí de allí como escritor y periodista especializado en el sector. No puedo subrayar bastante lo que significaron para mí esos lunes y martes pasados compartiendo con Ruth Mateu las últimas cosas que cada uno había descubierto o aprendido por su lado, probando las últimas recetas de Diego o intentando entender las bromas de Michel Diaz. He catado una cantidad alucinante de productos, descubierto cócteles tan importante como el Trinidad Sour e introduje una cantidad no insignificante de amigas a los encantos del Tangerine. Me hicieron el honor de bautizar un cóctel con mi nombre. Yo les presenté La Louisiane. En fin: una relación en dos direcciones, como todas las buenas. Los bares siempre acaban cerrando. Lo peor, en este caso, es que no cierra y que este punto final ha venido demasiado pronto. Este local, este concepto y este equipo tenían muchas cosas que dar. 

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La buena noticia, por supuesto, es que con suerte, en poco tiempo, Diego Cabrera nos invitara a otro bar donde podrá hacer todo lo que sé que quiere hacer desde hace tiempo. Esperamos esta nueva aventura con ganas y mucha ilusión. Entre tanto, tenemos otros buenos bares que visitar. No faltan. Pero es que Le Cabrera, lo que deberíamos llamar, a partir de ahora, el verdadero Cabrera, era algo muy especial. 

* 

No puedo terminar esta notita sin dar las gracias a todos los grandes profesionales que tuve el privilegio de conocer del otro lado de la barra. Ruth, Michel, Edu, Fernando, Luis, Miriam, Adriana, Alex, Leo, Richie, y los demás, os debo mucho a todos.

François Monti est journaliste spécialisé en cocktails et spiritueux. Il collabore régulièrement à Ginger Magazine et à Havana Cocteles, ainsi qu'à de nombreuses publications. Après la pamphlet 'Prohibitions' en 2014, il publie au printemps 2015 '101 Cocktails'. En Espagne, il est l'auteur de 'El Gran Libro del Vermut'. Il est aussi traducteur. Son blog, Bottoms Up, est un site de référence. Il est aussi membre fondateur de la revue littéraire Fric Frac Club et a traduit plusieurs livres.

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François Monti es un periodista y escritor belga afincado en Madrid. Colabora en la revista francesa Ginger y en la web Havana Cocteles. Su primer libro en castellano es 'El Gran Libro del Vermut' Ha publicado en Francia 'Prohibitons' y '101 Cocktails'. Lleva el blog Bottoms Up en dos idiomas y escribe para Coctelería Creativa. Es también traductor.



El año empieza en febrero

…por lo menos en Bottoms Up. Otros compromisos nos mantuvieron alejados de este espacio, lo remediaremos en los días que vienen.

Mientras tanto, os invito a descubrir 'Pura leyenda urbana', la primera entrada de mi espacio en la nueva sección blog de Coctelería Creativa.

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Y a leer 'Patria y absenta', el articulo mío que se publicó en la web del Mundo ayer. Va de los efectos de la Primera Guerra Mundial sobre el negocio del alcohol (con restricciones, prohibiciones y demás cosas).

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Hasta pronto.

François Monti est journaliste spécialisé en cocktails et spiritueux. Il collabore régulièrement à Ginger Magazine et à Havana Cocteles, ainsi qu'à de nombreuses publications. Après la pamphlet 'Prohibitions' en 2014, il publie au printemps 2015 '101 Cocktails'. En Espagne, il est l'auteur de 'El Gran Libro del Vermut'. Il est aussi traducteur. Son blog, Bottoms Up, est un site de référence. Il est aussi membre fondateur de la revue littéraire Fric Frac Club et a traduit plusieurs livres.

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François Monti es un periodista y escritor belga afincado en Madrid. Colabora en la revista francesa Ginger y en la web Havana Cocteles. Su primer libro en castellano es 'El Gran Libro del Vermut' Ha publicado en Francia 'Prohibitons' y '101 Cocktails'. Lleva el blog Bottoms Up en dos idiomas y escribe para Coctelería Creativa. Es también traductor.



The World's 50 Best Bars: ¿Y España?

Como cada año en octubre, la revista Drinks International publica su prestigiosa lista ‘The World’s 50 Best Bars’. Como cada año, los elegidos son extáticos y los que se han quedado fuera o se callan o critican.

Cuando publiqué la primera entrada de este blog, preguntaba si estábamos ante una nueva era dorada española. Si confío en el criterio de la lista, la respuesta es no: sólo dos bares españoles, ambos de Barcelona, se colocan en ella, el Mutis y el Dry Martini.

¿Cómo funciona la lista?

Las personas detrás de ‘The World’s 50 Best Bars’ eligen lo que llaman el ‘academy’, un grupo de personas influyentes, viajadoras, experimentadas. Para 2013, participaron más de 230. Los votantes tienen que mandar una lista, en orden de preferencia, de los 5 mejores bares del planeta. Al menos 2 de los 5 votos tienen que ir a bares de fuera de su propio país. No se puede votar por su propio bar, no se puede votar por un bar que haya cerrado y el votante tiene que haber visitado estos bares en los últimos dos años.

¿Porque sólo dos bares de España?

Sencillamente, quizás porque el nivel no es lo suficiente alto. Al final, 2 bares sobre 50 no es una catástrofe. ¿Da España para más? Tiene tanto como Italia, Rusia, Singapur y más que Japón o Grecia.

 
 

Más que el numero de bares, yo me haría la pregunta sobre lo que llevó a la elección de estos dos en particular. Con todo el respeto que se debe al recorrido de Javier de las Muelas y el aura de su bar, ¿de verdad merece su posición? En cuanto a Mutis, desde que se fue Joao Eusebio, ¿podemos todavía confiar en el mantenimiento de los mismos estándares y en una continuada innovación? No voy bastante a Barcelona para contestar, pero parece, al leer algunas reacciones en redes sociales, que no todos los miembros de la comunidad del bar español están convencidos.

Está claro que Javier de las Muelas es una de las pocas personalidades de talla internacional que tiene España en este mundillo. Y también es obvio que los profesionales internacionales, los que votan, visitarán con más probabilidad Barcelona que Madrid, por no hablar de Sevilla o Bilbao. Faltan en España unos eventos creíbles y unas personas fiables que hagan venir gente de fuera. Diageo lo hizo este año organizando la final europea en Madrid y pasando por Barcelona con la final internacional de la World Class. Pero lo que necesitamos de verdad es una feria en condiciones, como las que ya se organizan en Bélgica, Grecia, Italia o Rusia. Por eso contamos con la iniciativa de Juan Valls y de los que organizan FIBAR el mes que viene en Valladolid. Esperando que los invitados internacionales aprovechen la oportunidad para visitar otros rincones del país.

Dry-Martini-Barcelona
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Pero si hacerse conocer fuera de España es capital, no sólo podemos contar con ilustres visitantes: éstos viajan todo el año, conocen muchos bares y se hacen muchos amigos. Estos amigos, claro, esperan que los ‘ilustres visitantes’ les voten. Y sólo pueden elegir 5 bares…

La verdad es quizás triste pero es lo que es: para estar en la lista, tienes que participar en la votación. No hay milagros. Ejemplo perfecto: el año pasado, Francia tenía 2 bares en la lista; este año tiene 5, incluido el ‘mejor bar de Europa’. ¿Qué pasó? Además del exitazo del Cocktail Spirits de Paris, un evento que atrae allí a muchísima gente, el año pasado sólo votaban 3 franceses. ¿Este año? 13. Detrás de Estados Unidos y el Reino Unido, el país con más bares en la lista (6) es Australia. Es que votan… 37 australianos.

¿Y los españoles? Pues votan… dos. Es decir, menos que Argentina, Bélgica, Holanda, México o Grecia. ¿Y quienes son? Max La Rocca, quien dejó España hace un año (por cierto, yo vería su antiguo bar, en el hotel Ohla, en la lista, antes que otros), y Kim Díaz, el dueño… del Mutis. O sea que en España, desde que se fue Max, ya no vota nadie que de verdad trabaje aquí detrás de una barra o que sea un experto del cóctel, ni siquiera a nivel nacional.

"Yo voto, mamón."
"Yo voto, mamón."

¿Por qué importa?

Porque estar en la lista es una oportunidad comercial de calado: como me lo han confirmado varios dueños de locales, el efecto publicitario es muy importante.

Porque más bares españoles de calidad hay en la lista, más la comunidad internacional vendrá a visitarlos y más visitaran otros bares españoles, y más se tomará el trabajo que aquí se hace en serio.

Porque hay aquí una larga tradición coctelera y si no la defendemos, nadie lo hará.

François Monti est journaliste spécialisé en cocktails et spiritueux. Il collabore régulièrement à Ginger Magazine et à Havana Cocteles, ainsi qu'à de nombreuses publications. Après la pamphlet 'Prohibitions' en 2014, il publie au printemps 2015 '101 Cocktails'. En Espagne, il est l'auteur de 'El Gran Libro del Vermut'. Il est aussi traducteur. Son blog, Bottoms Up, est un site de référence. Il est aussi membre fondateur de la revue littéraire Fric Frac Club et a traduit plusieurs livres.

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François Monti es un periodista y escritor belga afincado en Madrid. Colabora en la revista francesa Ginger y en la web Havana Cocteles. Su primer libro en castellano es 'El Gran Libro del Vermut' Ha publicado en Francia 'Prohibitons' y '101 Cocktails'. Lleva el blog Bottoms Up en dos idiomas y escribe para Coctelería Creativa. Es también traductor.



¡El speakeasy ya no mola, vamos a un bar tiki!

Cabe decir de antemano que me encanta el revival Tiki que conocemos en España en estos momentos, que sea de las manos de apasionados como los chicos del Kona Lei en Madrid o de profesionales con más experiencia como los ‘Tiki Brothers’ Miguel Ángel Jiménez y Miguel Pérez. ¿A quien no le puede gustar la recuperación de grandes clásicos no sólo de las bebidas tropicales sino del cóctel en general y la creatividad neo-tiki de algunos de nuestros mejores bármanes?

Sin embargo, sí que me mosquea algo. Principalmente fuera de España, he de decir, porque aquí las modas no siguen el mismo ritmo que fuera. Se pueden leer muchas declaraciones acerca del tiki como nueva moda cuya clave es la palabra “diversión”. A esta nueva ola tiki,  la gente suele contraponer el estilo speakeasy, demasiado pretencioso y serio. Este verano, un periodista francés no dudó, en un artículo por lo demás muy bueno, en decir:

"Tomando a contrapié la austeridad y la chulería del speakeasy, el revival Tiki llega en el momento adecuado para dar un poco de diversión y ligereza al mundo de los cócteles que se ha hecho un poco estirado y pedante”.

No vamos a volver a los orígenes del movimiento “speakeasy” (con las comillas de rigor) moderno. Simplemente decir a aquellos que no hayan seguido que, en EEUU primero y en el resto del mundo después, el speakeasy devolvió prestigio a un arte, el del cóctel, que ya no importaba a nadie, ayudó a diferenciar los buenos bares de los donde la gente solo iba a emborracharse y, también, como no, creó todo un mundo, un ambiente, una atmósfera peculiar. Y todo ello era muy divertido. Entrar en un chiringuito de perritos calientes e introducirse en una cabina de teléfono, buscar una puerta escondida en un largo pasillo, atravesar un armario o dos y descubrir detrás un mundo totalmente diferente e insospechado: muy divertido. Ser atendido por un camarero vestido en un estilo mezclando tres épocas distintas: muy divertido. Pasar dos horas con un servicio de primera clase: muy divertido . Escuchar jazz o canciones de cabaret de los años 20: muy divertido. Era muy divertido porque era muy diferente.

 
 

Y además: en estos primeros speakeasies, las bebidas eran de altísima calidad.

Y vino la moda. Entradas ocultas se multiplicaron de manera absurda. Bares sin entradas ocultas empezaron a presentarse como speakeasies. Escuchamos la misma música en cada vez más bares (¡y el jazz se hizo plaga!),  la comunidad de los bartenders pareció lanzarse en un interminable concurso del más hermoso bigote al estilo finales del siglo XIX. Todo el mundo hacia cócteles del mismo estilo (seco, amargo, fuerte – cosa que no ocurrió en España por falta de mercado, no de voluntad) y la demanda era tal que incluso los bares mediocres, con servicio de segunda, hacían dinero. Y entonces estalló la burbuja. El 'speakeasy' ya no era más que un viejo disfraz. La cosa ya no era diferente y, por lo tanto, ya no era divertida.

 
 

Así que vamos a sustituir este 'speakeasy’ austero (con 36 ingredientes caseros y 27 infusiones) con el tiki súper divertido y ligero (con 350 referencias de ron, 47 jarabes 'secretos' y 23 cuencos extraños). ¿Y lo divertido del tiki? Bueno, estás en la calle, ves un bar con un nombre exótico y divertido, entras y guau, te llevan a los mares del Pacífico sur, no te lo esperabas y eso es divertido. Joder, el bartender tiene una camisa de flores y está tatuado y tiene un sombrero de paja y un peinado de Elvis y eso es divertido. Y te sirven los cócteles en vasos con formas diversas y garnish barrocos y es divertido. Y pinchan música exótica o ritmos tropicales de los años 50, y es divertido. Es muy divertido porque es muy diferente.

Un momento : ¿todo esto es divertido por exactamente las mismas razones que hicieron divertido el speakeasy tres años atrás?

 
 

Seamos realistas : en tres años, nos daremos cuenta que el tío que sigue a pie de letras las instrucciones de Trader Vic es un pelín enfermo, que un tío que puede hablar durante horas sobre sus mezclas caseras de rones o de su jarabe # 22 es necesariamente un pedante, que estamos cansados de escuchar a Martin Denny y que el estilo de la deco, un tanto neo-colonialista, empieza a aburrirnos. De pronto, ya no parecerá divertido, sobre todo al darte cuenta en un momento de lucidez que el tío ese es el chico del speakeasy. Sólo había cambiado de camisa y se había quitado la pajarita.

Entonces, ya convertido el revival Tiki en algo kitsch y pesado, los primeros artículos anunciaran en la prensa el nombre del sucesor divertido y con más chispa.

 
 

Lo curioso es que durante esta locura neo-tiki, los malos speakeasies, donde el camarero te insultaba porque no entendías el "Antica" que venia marcado sin más en la carta, habrán cerrado (para luego abrir un tiki lounge, obviamente). Pero seguirán abiertos los establecimientos con personalidad propia, servicio de verdad, buenos bartenders y cócteles de calidad. Lo mismo pasará con los bares Tiki una vez acabada la moda.

El tiki no es una alternativa ‘divertida’ al speakeasy. Es una manera más de entender el mundo del bar. Y es que al final, lo que importan son los buenos tragos en un sitio agradable con buena compaña. Al igual que los verdaderos gourmets, los fanáticos de la coctelería no están preocupados con lo cool y lo menos cool. Ellos acuden a los bares donde son bien tratados, se sienten cómodos y merece la pena pagar lo que pagan. Sea cual sea el estilo o el disfraz que lleve el equipo.

François Monti est journaliste spécialisé en cocktails et spiritueux. Il collabore régulièrement à Ginger Magazine et à Havana Cocteles, ainsi qu'à de nombreuses publications. Après la pamphlet 'Prohibitions' en 2014, il publie au printemps 2015 '101 Cocktails'. En Espagne, il est l'auteur de 'El Gran Libro del Vermut'. Il est aussi traducteur. Son blog, Bottoms Up, est un site de référence. Il est aussi membre fondateur de la revue littéraire Fric Frac Club et a traduit plusieurs livres.

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François Monti es un periodista y escritor belga afincado en Madrid. Colabora en la revista francesa Ginger y en la web Havana Cocteles. Su primer libro en castellano es 'El Gran Libro del Vermut' Ha publicado en Francia 'Prohibitons' y '101 Cocktails'. Lleva el blog Bottoms Up en dos idiomas y escribe para Coctelería Creativa. Es también traductor.